PROYECTO TAKAHATA

¡Pedrooo!

PROYECTO TAKAHATA

En una comisaría de Madrid, un detenido es llevado hasta una mesa de un rincón. Un bullicio incesante de policías atareados y de teléfonos que no paran de sonar reina alrededor.

El detenido, un varón de complexión alta y robusta, de unos 30 años, causaría el espanto de cualquiera, de no ser por su gesto inocente y por el vestido tradicional de montañera suiza con el que se cubre: saya sonrosada, camisa limón y chaleco encarnado. La nota discordante a su indumentaria la compone un tatuaje en sus nudillos que lee: “White Power.”

La agente sentada frente a él se encarga de abrirle ficha:

—Nombre —le pregunta de manera rutinaria.

—Heidi —responde el detenido con voz cándida e infantil.

—Apellido.

—¡Oh! No tengo apellido, señorita. Soy Heidi, la niña de los Alpes.

—No me sale nada por Heidi. ¿Está seguro de que ése es su nombre? —continúa la agente, que no presta demasiada atención a lo que escribe en su ordenador.

—Bueno, la señorita Rottenmeier me llama Adelaida, pero yo prefiero Heidi —aclara el detenido con amabilidad—. ¿Y usted cómo se llama?

—Tampoco me sale nada por Adelaida. Probaré a mirar en su historial delictivo. ¿Tiene usted antecedentes?

—No, señorita; soy huérfana. Aunque tengo un abuelito con el que vivo en los Alpes desde que tía Dete me dejó con él. Me estará echando mucho de menos…—manifiesta el hombre con nostalgia.

La agente mira extrañada a su interlocutor.

—A ver, déjeme su DNI.

—¡Oh! Creo que yo no tengo uno de ésos, señorita. Pero tengo caramelos de la abuelita de Pedro. Si quiere, puedo darle uno. —El detenido abre una bolsita repleta de dulces y le ofrece amablemente a la mujer.

Su actitud llama la atención del inspector García, que se acerca hasta la mesa.

—¿Qué ocurre?

—Señor, el detenido no aparece en ninguna base de datos y dice que no tiene DNI —responde la agente.

El inspector toma el relevo del interrogatorio.

—Dice usted que se llama Heidi… —se dirige al hombre, leyendo su ficha en el ordenador.

—Así es, señor.

—¿Y qué hace vestido como una niña?

—Porque soy una niña. ¡Que no le engañe mi pelo corto! —responde el reo sin perder su buen humor.

El policía mira confuso.

—¿Es usted travesti? Sigue leyendo

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