LOS RESTOS DEL DÍA (Kazuo Ishiguro)

Los restos del día

Género: Drama
Año: 1.989
Páginas: 255

Valoración: 10/10 Francisquitos

 

 

Güenos días. Hoy sus voy a hablar de la que ha sío hasta el momento mi mejor lectura de este año, y es que ha sío to un descubrimiento para pa mí el de este autor japonesito, aunque educado en Londres: Kazuo Ishiguro. O como diríamos aquí en Cascales de Tajuña: Kazurro el escritor. Sigue leyendo

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UN MÁRTIR EN EL CAMINO

caminodesantiago

Arturo Macías, afamado escritor de novela histórica, atraviesa solitario la senda del Camino de Santiago que une las localidades gallegas de Portomarín y Palas de Rei.

Pertrechado con la indumentaria básica del peregrino: bordón con punta de metal, vieira fija a su sombrero y morral a los hombros, camina pensativo: su editor le ha dado de plazo hasta el fin del verano para presentar el manuscrito de su próxima novela —que tiene pactada por contrato— y aún no tiene ni la más remota idea sobre qué escribir.

Ha pensado que tal vez podría narrar una historia sobre la vida monástica en los templos de la España medieval. Por ello ha decidido hacerse peregrino por unos días y visitar las múltiples iglesias románicas esparcidas por el Camino con el fin de documentarse, amén de para oxigenar la mente y desconectar de su rutina.

Una voz destemplada interrumpe el curso de sus pensamientos:

—¡Eh, oiga! ¡Espere! ¡Espere! Sigue leyendo

SOSTIENE PEREIRA (Antonio Tabucchi)

Género: Drama

Año: 1.994

Páginas: 180

Valoración: 8,5/10 Francisquitos

 

 

Güenos días. Hoy sus vengo a hablar de otro librico que m´ha gustao mucho mucho: “Sostiene Pereira” de Antonio Tabucchi. Y lo de “sostiene” es la coletilla que no deja de ripitir durante to el libro, no es que sea su nombre de pila, ni na deso, qué va. Que pa motes y nombres rarunos, ya tenemos aquí al tío Tiburcio, el de la gasolinera, y a don Cojoncio, el ayudante del alguacil. Sigue leyendo

TETÉ EL PAYASO (juvenil)

andré

TETÉ EL PAYASO

Al despertar aquella mañana vi que una bola roja había brotado ante mis ojos. ¡Dios mío, pero si era mi nariz! ¿Y qué le pasaba a mi pelo? Se había vuelto rizado y voluminoso como el de una peluca. ¿Y por qué vestía una ropa de colorines y unos pantalones tan anchos que los tenía que sujetar con tirantes? ¿Qué le había pasado a mi pijama?

Fui corriendo a mirarme al espejo.

—¡Aaah! —pegué un grito al ver mi cara.

Era tan blanca como una alubia y tenía una sonrisa dibujada, pese a que no me hacía nada de gracia lo que me estaba ocurriendo:

¡Me había convertido en un payaso! Sigue leyendo

LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO (Mariana Enríquez)

cosas fuego

Género: Relato/Terror                                        Año: 2.016
Páginas: 197
Valoración: 8/10 Francisquitos

 

 

Güenos días. Hoy sus vengo a hablar de un librico, que m´a gustao mucho, pero que mucho, mucho, mucho: “Las cosas que perdimos en el fuego,” de Mariana Enríquez; o Marianica, como la llamaríamos aquí en Cascales de Tajuña.

Lo que más m´ha gustao ha sío el tono negro y macabro en el que están escritos los doce relaticos que componen el libro. Po fíjate que ninguno de ellos m´ha llegao a enganchar del todo, váyase que no. Yo no sé si se debe al ambiente tan arisquete que recrean, o a lo ásperos que resultan los personajicos, con los que no he lograo simpatizar. Y mía que lo he intentao, pero n´ha habío manera, no.

Aun así, el librico es mu pero que mu recomendable. Ocho Francisquitos que le he dao. ¡Y no se los doy a cualquiera, váyase que no! (Lo de los Francisquitos es en honor al tío Francisco, mi difunto señor padre, que en paz descanse) Sigue leyendo

MÁS FUERTE QUE EL DINERO

MÁS FUERTE QUE EL DINERO

Un pez de un lago de Mindanao mató a mi hermano. Un bangus, concretamente, el pez nacional de Filipinas. De no haber sido pescado, mi hermano habría salvado la vida y yo no estaría ahora pudriéndome en la cárcel. Pero la vida es un cúmulo de casualidades que se escapaban a nuestro control.

Germán y yo éramos gemelos. Compartíamos idéntica fisonomía, idéntico peso, idéntica estatura, idénticos gestos y timbre de voz. Hasta nuestros rizos y pecas eran idénticos. Mirarnos el uno al otro era como vernos reflejados en un espejo. Desde niños, la gente solía confundirnos “No abuela, no: yo soy Aarón y él es Germán.” No ayudaba a diferenciarnos que nuestra madre se empeñase en hacernos la raya al mismo lado y en vestirnos igual. De adultos, nuestras semejanzas no remitieron, sino que se agudizaron pese a arreglarnos de distinta forma. Pero si algo nos identificaba más allá del físico era nuestro afán de dinero.

Sólo había un rasgo que nos diferenciaba: Germán se había convertido en un triunfador y yo no. Sigue leyendo

LA REVOLUCIÓN DE ARLEQUÍN

LA REVOLUCIÓN DE ARLEQUÍN

Érase que se era, una compañía de cómicos ambulantes que atravesaba Europa en su carreta representando su espectáculo en villas y aldeas. Las mayores alabanzas las recibían el intrépido Scaramouche y el siempre escarnecido Arlequín, los cuales provocaban la hilaridad del público con sus andanzas y su espíritu revolucionario.

A poco de atravesar la frontera de Francia —país de su procedencia y su orgullo—, los cómicos detuvieron su caravana en un pueblo de campiña, donde representaron su función. Ya concluía ésta cuando Diego Talenti, el joven actor que representaba el papel de Scaramouche, requirió la participación de un voluntario de entre el público:

“¡Un voluntario! ¡Necesito un voluntario que consuele el corazón de mi compañero Arlequín! El pobre ha sufrido los reveses del amor, y, aunque la naturaleza lo haya hecho bruto y desgraciado, también tiene derecho a ser amado —clamó a viva voz en Sigue leyendo

EL ESCRITOR DOBLE

EL ESCRITOR

Llevaba horas frente a mi Remington sin que las palabras brotasen con fluidez. O tal vez eran las ideas las que no lo hacían. A mis pies, la papelera rebosaba de intentos fallidos por dar continuación al engendro que tenía entre manos. Era la primera vez que me ocurría algo así. La primera en mi vida como escritor que me planteaba el valor de lo que hacía. Yo, Samuel R. Jazkinsky, afamado novelista de best sellers cuyos libros se vertían en infinidad de lenguas y eran leídos en los rincones más insospechados del mundo, comencé a dudar de cada palabra que las teclas imprimían sobre el papel. De si realmente brotaban de mi originalidad como artista, o no hacía más que repetir los mismos esquemas, novela tras novela; los mismos personajes planos y anodinos; las mismas tramas simples e inconexas y los finales previsibles, a su vez tomados de otros escritores que me antecedieron en el noble arte de la escritura. De escenas cotidianas que yo mismo había presenciado; de anécdotas leídas en un periódico o en un magazine, o escuchadas en la radio o en la televisión.

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EL ARTISTA Y LA BELLEZA

EL ARTISTA Y LA BELLEZA

—Mi nombre es René. ¿Verdad, Espejito, que esta cara, estos rasgos que contemplo, son René?

(Son René, sí)

—Dime: ¿cómo es posible que, tras haber sido galardonado en el certamen nacional de nuevos talentos —y que mis pinturas sean cada vez más cotizadas—, cómo es posible, digo, que siga sintiendo este vacío, esta insatisfacción que me revuelve el estómago y deja mi alma perdida en mitad de un páramo?

(Tal vez sea porque te exiges demasiado)

—O quizá haya algo que continúa siendo inalcanzable a mi talento.

(¿Qué es eso que no alcanzas? Dímelo sin temor)

—Tal vez sea una quimera, o simple y vana presunción, el que quiera acariciar la más bella perfección con el arte de mis pinceles. Y, sin embargo, sé que la Belleza existe y que se me resiste, por mucho que las galerías disputen por exhibir mis obras y que los críticos se rindan a mi talento.

(Tus cuadros son espléndidos. ¿A qué viene esta obsesión? No me digas que los efluvios del aguarrás te han turbado la razón)

—Obsesión, bien dices, bendita obsesión, que es la que ha dado forma a mi talento y la que me ha llevado de mediocre a artista excelso. No hay más que hablar, Espejito: por extraordinario que sea mi ingenio, aún me queda un escalón por alcanzar para que mi Arte sea inmortal. Para que el óleo destile por mis venas hasta las yemas de mis dedos y ni pinceles me hagan falta para lograr mi ansiado deseo. Sigue leyendo

LA RISA

 

LA RISA

La buena surge espontánea,
de manera natural.
Una explosión inesperada,
un tesoro que se abre y se comparte,
que revienta sin más.

A veces la tienes ya al levantar,
aunque tengas que madrugar,
y no desaparece hasta irte a acostar.

Otras, aparece al caminar,
al recordar la brisa
sobre el azul del mar.

La que a mí me gusta
la tienes tú al despertar.

Ahora que me haces falta
no es más que una mueca forzada,
artificial,
que me duele hasta al respirar.

Ahora que me haces falta no aparece
ni aunque la quiera yo provocar.

© Miguel Rey